Al adentrarnos en la compresión de la tesis planteada en este vídeo conferencia de Mario Alonso Puig,
“Un sistema educativo
que no valora el estado de ánimo del profesor, creo que se equivoca profundamente….
El profesor es, el elemento más importante del sistema educativo(…)”,
obsérvese cómo instala al docente
como “elemento importante del sistema educativo”. Tal empoderamiento no está en
contradicción con el papel central y protagónico del estudiante dentro del
proceso de aprendizaje, pues es claro que, se requiere delimitar los conceptos
“sistema educativo” y “proceso de aprendizaje”. Esta delimitación no es posible
resolverla en este corto análisis; el objetivo de éste es la comprensión a la respuesta
que da a la pregunta planteada por el directivo académico y su posible aporte a
la percepción que se tiene del sistema educativo en Latinoamérica y
concretamente en nuestro medio.
Se debe partir de la necesidad de superar
el “error” de la teoría cartesiana de la “res-cógitans” y las “res-extensa”,
anclada en la cultura occidental; literalmente, el hombre como “cosa” que
piensa y que se manifiesta en un cuerpo, “sustancia extensa”. En esta última,
ha de saberse al hombre latino, y en particular al colombiano, que se
desenvuelve en unas circunstancias muy particulares, geográficas, climáticas,
culturales y aún desde su propia percepción como ser corpóreo; hombres y
mujeres festivos, alegres, espontáneos, sueltos; no en detrimento de su
capacidad de razonar “res-cógitans”, ni mucho menos, sí en potenciar, a través
del cuerpo y sus emociones, tal capacidad de razonamiento en mejores resultados
intelectuales en el ejercicio de la enseñanza – aprendizaje. Habría que afirmar
con Ortega y Gasset “… “Yo soy yo y mi circunstancia,
y si no la salvo a ella no me salvo yo».
En este caso, lo que
habría que salvar, para el docente y el directivo docente en el contexto
colombiano, es el elemento emocional, manifiesto, como se dijo antes, en esas
características propias, abanico de reacciones físicas, tangentes, que debe
identificar el directivo docente en sus pares y el docente en sus discentes.
Identificarlas, no solamente desde el ejercicio de la psicología, también en la
adecuada lectura de lo corporal, donde se da significado al cuerpo como umbral
de encuentro con el otro.
Se identifica al líder
directivo, al líder docente, como aquél que ha de tener, como principio, el
imperativo moral de la escucha y en este caso, no sólo de las palabras que
salen de su interlocutor sino de las señales emocionales que se transmiten
desde quien las somatiza. Interpretar la conexión cerebro – emociones – cuerpo,
para valorar el estado de ánimo de los actores educativos; a través de una
escucha empática que dé cuenta del interés por el otro, por la otredad, que
invite a la comprensión. No obstante,
tanto directivo docente como docente también deben ser escuchados de forma
empática de manera que no decaigan su ánimo ni su voluntad. En ello conviene entender esta escucha no
como un estar de acuerdo o asentir las ideas del otro sino en el marco de una
comprensión profunda y completa de la otra persona tanto emocional como
intelectualmente, tal y como lo sugiere Covey (2011).
Referencias
Covey, S.R. (2011). Los 7 hábitos de la gente altamente
efectiva. Paidós
Ortega y Gasset (1914). Meditaciones del
Quijote.
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