La escuela, pensada como un todo, es un
escenario en el que interactúa la comunidad educativa para aprender. Este espacio, no está diseñado exclusivamente
como lugar de transmisión de conocimiento, sino que constituye un lugar
habitado, donde se aprende de la vida y se aprende a vivir con los demás.
De acuerdo con el tesauro de la UNESCO, la
categoría Escuela se ubica dentro de los establecimientos de enseñanza y hace
parte de la categoría educación, que abarca además otros conceptos importantes
para el desarrollo del acto educativo, tales como currículo y comunidad. Para Carbonell, la finalidad de la escuela
obedece a “tratar de superar la diferencia cualitativa que hay entre la
experiencia del niño y los contenidos del programa escolar, para que aquél
pueda ir resolviendo problemas derivados de su contacto con el medio físico y
social” (1999, p. 364-365). En este
segundo marco de acción, nuestro equipo pretende ubicar la escuela, como un
espacio donde se trascienden los contenidos de un currículo para transformar
las acciones de una comunidad.
Desde esta perspectiva, evidenciamos que el
liderazgo nos plantea una necesidad latente de abordar los equipos de trabajo
para que encausemos la labor educativa hacia procesos duraderos y aprendizajes
significativos. Sin embargo, se
evidencia cómo en las instituciones, este propósito misional, que implica a
todos los actores educativos y especialmente, al equipo de docentes y
directivos, no ha avanzado como se pretende y aún se aprende bajo un esquema
tradicional donde el maestro es el actor principal del acto educativo y el
estudiante un receptor.
La carencia de conciencia colectiva, la
dificultad para asumir la responsabilidad y corresponsabilidad frente a decisiones
diversas, las dificultades en la comunicación asertiva, las diferencias
sociales, culturales y personales; la poca disponibilidad de tiempo, así como
el deseo de permanecer en una zona de confort, son entre otras, las causas del
problema de aprendizaje en las instituciones educativas. Asunto que por demás nos presenta un panorama
con poco interés para trascender y mejorar los procesos al interior de la
escuela.
Estas situaciones derivan consecuencias como
la descontextualización frente a la comunidad educativa, desconociendo un
trabajo con sentido y que aborde verdaderamente las necesidades de la población
que se interviene y pone en riesgo la posibilidad de aprender para la vida en y
con el contexto. Así mismo, la carencia
de una consciencia colectiva, nos conduce hacia la apatía e indiferencia frente
a la realidad que experimenta la institución y que puede llegar a
desacomodarnos de la zona de confort en la que muchos se hallan insertos.
Como consecuencia de esta actitud apática y
poco proactiva, se evidencia discontinuidad e incoherencia en los procesos
escolares; un PEI alejado de la realidad del contexto y con un horizonte
institucional desenfocado; la implementación de metodologías poco atractivas
que poco incentivan la motivación de los estudiantes lo cual finaliza con
procesos sin evidencia en los aprendizajes.
Basados en los anteriores supuestos, este
equipo infiere que parte de la situación obedece a que hay ausencia de
dinámicas de aprendizaje institucional por lo que se requiere de la construcción
de comunidades que aporten en las reflexiones al interior de las instituciones
educativas. De lo anterior nos
planteamos: ¿Cómo transformar los equipos de trabajo
institucionales en comunidades de aprendizaje y académicas?, de manera que se
aporte al aprendizaje significativo de los estudiantes y a la transformación de
la comunidad.
Al inferir “ausencia de dinámicas de
aprendizaje institucional”, podemos, además, plantear que la tarea del líder
directivo docente, ha de enfocarse en
las construcción, más que de equipos de trabajo, de comunidades educativas de
acción que respondan al siguiente principio, “El bien común acordado entre
todos, es gustosamente liderado por todos” (1), premisa que, de ser aplicada,
aportaría respuestas cercanas en la
praxis, no se pretenden definitivas, en
búsqueda de la tríada que sustenta, a nuestro criterio, el accionar del
liderazgo educativo transformacional, ante
la problemática aquí plateada, a saber: Las propias vivencias de los
niños, niñas y adolescentes, que cobran sentido en una escuela construida entre todos y con sentido
significativo para todos. El impulso motivacional a que los docentes y
directivos docentes avancen en el reconocimiento de los otros actores comunitarios,
partiendo de los estudiantes en sus propios contextos, sin desconocer lo que
enseña o no la primera escuela, la familia.
La posibilidad de prácticas de enseñanza aprendizaje motivantes y
motivadoras para el afrontamiento de los nuevos retos que la sociedad le impone
a la escuela.
Lo anterior, sin dejar de lado el imperativo
moral de que, la conciencia colectiva es el resultado de la sumatoria de las
conciencias individuales; en otras palabras “los granitos de arena” que se
aportan cuando se pretende trabajar por objetivos comunes, para satisfacer
necesidades comunes, que en este contexto es la escuela toda como común unidad
de aprendizaje.
Lista de referencias:
Carbonell
Sebarroja, J. (2019). Escuela y entorno. uri: https://repositorio. idep.
edu. co/handle/001/196.
Concepto de Escuela. http://vocabularies.unesco.org/browser/thesaurus/es/page/concept46